El desempeño de Yunielys Castillo al frente de la selección absoluta de Cuba ha sumido al equipo en una de las peores crisis de su historia reciente. Con un registro de 3 victorias, 5 empates y 7 derrotas en 15 partidos, los números reflejan una alarmante falta de progreso y visión dentro del conjunto. Los fracasos incluyen el descenso a la Liga B de la Nations League y la eliminación de la Copa Oro 2025, manchando el prestigio ya debilitado del fútbol cubano.
A las decepciones deportivas se suma una gestión marcada por decisiones altamente controversiales. Castillo ha excluido a jugadores clave por razones extradeportivas, limitando las opciones del equipo en momentos críticos. Además, su política de amenazas hacia los futbolistas que brindan declaraciones a medios “incómodos”, ya sean estatales o independientes, ha generado un ambiente de tensión dentro del vestuario.
Peor aún, el uso de la selección absoluta como un campo de preparación para la categoría Sub-20 es visto como una decisión que prioriza intereses ajenos al desarrollo del equipo principal. Este enfoque, sumado a la ausencia de una estrategia de juego funcional, ha reducido la confianza de los fanáticos y profundizado el descontento general.
Aunque la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) ha ofrecido poco apoyo con solo dos amistosos en los últimos dos años, la falta de liderazgo, creatividad y resultados bajo la dirección de Castillo han dejado al equipo en una posición crítica. La pregunta que cada vez resuena con más fuerza entre los aficionados es: ¿cuánto más puede resistir el fútbol cubano bajo esta gestión antes de un inevitable colapso?
Es tiempo de tomar decisiones drásticas si el objetivo es devolver la dignidad al deporte nacional.
¡No más Yunielis Castillo! Fuera no te queremos.